Por admin en la categoría de Negocietes
Alumbró mucho. Y los arapientos empresarios, que corrian de pelotazo en pelotazo tras los diabólicos socialistas en el poder, vieron en su lumbre un camino a seguir. Lo encontraron. Habían leído a Platón y su mito de las cuevas que el fallecido Jose María enseñaba mientras también daba cuenta de algún que otro banquete. Jose María Cuevas - los más ilustres del siglo XXX en España llevan por nombre Jose María, hacemos notar con emoción y sin acritud – fue, como elogian sindicalistas, periodistas y meretrices de las más abnegadas corporaciones, además del presidente Zapatero, futuro reformador del capitalismo global, un negocio-ador. De raza. De peseta.
Los líderes de UGT y CCOO en sus memorias inéditas (La sodomía también es economía, ediciones precarias 2020) describen el papel histórico de Cuevas: “entró muy hondo a los españoles. Hondísimo. Era muy tímido, un tanto bolchevique, la verdad. Pero un día, el presidente González y nosotros le convencimos: sabemos cómo conquistar hasta el intestino de la gente. Coser y cantar. Un dialogador. Ríase usted de Obama”.
Cuevas tuvo dotes lingüísticas hasta entonces desconocidas. Inventó la voz flexibilidad (laboral), incluída en el diccionario. Desde entonces España es de goma. Un pequeño hombre para el espejo, pero un gran personaje para las humanidades. Que el cielo te dé plusvalías, gran José María.
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